Buenos días, muchísimas gracias, enorme alegría estar hoy acá en San Jorge haciendo un juramento que, a través de Álvaro, Felicitas, Joaquín y Valentín representa a 230.000 chicos y chicas de cuarto grado en la provincia de Buenos Aires, casi un cuarto de millón hoy de argentinos y argentinas pequeñitos, pero ya en edad de hacerlo y con la decisión de hacerlo, están haciendo la promesa a la bandera.
Esta vez voy a empezar por ahí, Pichi [Alfredo Fisher, intendente local], estamos en el municipio de Laprida, pero más precisamente en una localidad, en un pueblo, en San Jorge, un pueblo pequeño, de —según el censo— 300 habitantes. Un pueblo de los tantos, de los miles, de pequeñas localidades —de parajes rurales los solemos llamar— que hay en nuestra provincia Buenos Aires, muchas veces por la distancia, muchas veces por las dificultades, olvidados.
Hoy estamos acá para, en una ocasión tan relevante, también mostrarlos, visualizarlos y homenajearlos. San Jorge es la primera vez que es visitado por un gobernador, me decían. Es un privilegio y además me pasa bastante a menudo, como comentaba el intendente, porque ya a cada uno de los municipios, a sus cabeceras, a los 135 municipios que tiene la provincia, que legendariamente, digamos, se recorrieron en campaña electoral, con todo ese folklore, pero dijimos en aquel momento que íbamos a gobernar de esa misma manera: recorriendo, visitando, escuchando, estando, haciéndonos presentes, dando la cara en cada uno de los distritos y de ser posible, como es hoy, también en localidades más pequeñas que no son las cabeceras.
Vengo yo hoy por primera vez, pero el Estado municipal y el Estado de la Provincia de Buenos Aires, en este período corto, estuvo acá poniendo en valor el centro de salud, arreglando y poniendo en condiciones el camino de acceso, inaugurando viviendas. El Estado está presente en toda la provincia de Buenos Aires. Y si no estuviera el Estado, a veces no vendría la salud, la educación, la infraestructura.
Hoy también estamos aquí porque no es lo único que vamos a hacer en Laprida, vamos a inaugurar un frigorífico municipal para porcinos, que forma parte de una decisión que tomamos en la Provincia como política de Estado, que tiene que ver con las Casas de la Provincia, que son edificios donde se llevan adelante todos los trámites que tienen que ver con el Gobierno provincial en cada una de las localidades. Tomamos la decisión de hacer Centros Universitarios para que se dicten carreras también en municipios que no son las grandes ciudades de nuestra provincia; ya llevamos 53 centros universitarios inaugurados nuevos, pero ya son más de 80 en diversos municipios donde se puede estudiar carreras universitarias en el interior de la provincia. Otros cierran y desfinancian universidades, nosotros ponemos universidad pública y gratuita para que estos pibes y pibas puedan, si lo desean, tener al alcance de su voluntad, de sus deseos y de su esfuerzo la formación universitaria. Lo decía la directora: la igualdad de oportunidades.
La igualdad de oportunidades tiene que ver con que esté la escuela, con que esté el centro de salud, los edificios públicos, la infraestructura social básica, con que haya electricidad, servicios, producción y trabajo. Porque uno de los motivos por los cuales se va perdiendo población históricamente en el interior de la Argentina y en el interior de la provincia es porque a veces no hay medios de sustento, no hay posibilidades. Cuando decimos igualdad de oportunidades nos estamos refiriendo a eso.
Por eso, hoy, que podamos inaugurar en Laprida, un frigorífico municipal —como los que había en alguna época, los famosos mataderos, hoy frigoríficos— con todas las condiciones bromatológicas, pero que permitan que se trabaje la tierra, el suelo, pero también que se elabore y se genere valor agregado en origen, que se procese cada uno de los productos de nuestra tierra, en cada uno de los pueblos de nuestra Provincia, que no haya que dejar que vayan muy lejos y vuelvan para poder tenerlos al mejor precio.
Son cosas que tienen que ver con lo que estamos conmemorando hoy, con el patriota argentino que creó nuestra bandera, con Manuel Belgrano. Tiene que ver con el espíritu que mencionaba recién la ministra Flavia Terigi [directora general de Cultura y Educación], que tiene que ver con nuestra Patria, nuestra bandera, sus pueblos, su gente, con cómo vivimos, con nuestra cultura. La nacionalidad en la Argentina, la identidad como argentinos tiene que ver con el celeste y blanco, pero en realidad se construye todos los días.
Tiene que ver con querer a nuestra provincia, a nuestros pueblos, a nuestro país. Y sobre todo y en especial, siguiendo ese ejemplo de Belgrano, recién la ministra comentaba algunas particularidades que se olvidan sobre nuestra bandera nacional: cómo fue creada, los colores, la inspiración en la escarapela, la época, el momento de nuestra Revolución de Mayo, el momento de la formación de nuestra Nación, un proceso que fue mucho más largo y que todavía continúa. No es que alguien fundó nuestra Patria y ya está, listo. Es una tarea para todos los días. Era una perspectiva que tenía que ver con el futuro. Hay que sostenerla, hay que cuidarla, hay que defenderla todos los días.
Cuando Belgrano decide crear una bandera que sea distinta de la española habíamos iniciado un camino que todavía no estaba completado hacia la independencia formal de España, pero había una vocación de libertad, de independencia, de soberanía. Y en aquel momento Belgrano, lo hace por una cuestión práctica: era difícil estar luchando contra soldados y contra ejércitos de un país extranjero, y no tener nuestros propios símbolos, era prácticamente imposible. Y sin embargo fue polémico. En aquel momento, había quienes no estaban tan decididos. A Belgrano lo reprenden por haber tomado una decisión que fue un acto de rebeldía también, de afirmación. Y las autoridades dijeron “lo hizo sin autorización”.
De hecho, tenía que pasar todavía un tiempo largo para que se oficializara una bandera propia, para lo que iba a ser más adelante la República Argentina. Y Belgrano lo hizo porque se daba cuenta de que, en aquel momento, si no teníamos, si no empezábamos a forjar una identidad propia y distinta, y separada, iba a ser imposible llevar adelante la tarea de defender a un pueblo que no tenía sus propios símbolos. Y lo hace en circunstancias extremas, de combate, como pasó. Belgrano, como saben, admirable.
Nuestros patriotas, cada uno tiene lo suyo; cada uno tiene, como pasa con los jugadores, tal vez su patriota predilecto. Pero Belgrano no era un hombre con formación militar, a diferencia por ejemplo de San Martín, o de Güemes; Belgrano tenía una profesión distinta, y le tocó —como le tocó a los hombres de mayo, en aquel momento— asumir tareas y funciones que el ahora imponían, pero que había que hacerlas, llamémoslo, por coraje, de guapos, y llevarlas adelante. Luego, marchó con el Ejército del Norte. La historia es increíble. Pero el propio Belgrano teniendo que defender ahí, donde está el Monumento a la Bandera, a nuestra Patria, resuelve crear la bandera nacional.
La bandera nacional representa muchísimo. Yo voy al acto de creación, a ese acto de rebeldía. Alguien puede decir “pero no le dieron instrucciones”, “pero en realidad se insubordinó”. Es otra cosa: lo que estaba haciendo era defender sus creencias, su identidad, defender a su pueblo. Y varias enseñanzas nos deja: tenemos una bandera, es esta, la oficial, la celeste y blanca; tenemos nuestros símbolos patrios, tenemos una nación, tenemos una soberanía que defender.
A mí me parece que lo hacemos hoy, hemos hecho juras, promesas a la bandera en varios lugares, en el Teatro Argentino, en municipios del conurbano muy poblados. Hoy lo hacemos aquí donde hay una escuela muy pequeña, las que llamamos escuelas rurales. Escuela muy pequeña, pero creo que también simboliza algo del presente, porque sabemos que hay un ataque muy fuerte contra la educación pública. Hay una discusión muy fuerte acerca de los acuerdos y alianzas que hay que hacer en el plano internacional. Hay una disputa y una discusión sobre la soberanía nacional.
Así que, creo que estamos juntando muchos elementos que vale la pena recordar y poner de manifiesto pues son nuestras convicciones. A través de estos chicos y chicas de acá, de una localidad pequeña de Laprida, de la provincia de Buenos Aires, lo que venimos a decirle a quien esté confundido o no lo sepa, es que esa bandera es la nuestra, que es nuestra soberanía y que le hemos prometido lealtad, solo y exclusivamente a esa, a la celeste y blanca.
Gracias.